Circo sin pan

Quien esto escribe hace tiempo ya que dejó de practicar deportes de equipo. Su actividad física se reduce al acarreo de su cuerpo a través de caminos vecinales, pequeñas excursiones, un poquito de piscina anual y -eso sí- el uso casi diario de una bici para desplazamientos cortos (eléctrica, claro está).

Siempre me gustó jugar al fútbol, llegué a entusiasmarme con el baloncesto, me picó la curiosidad algún año por el balonmano... pero siempre de practicante. Mucho menos como espectador. Hubo un tiempo entre la niñez y la adolescencia, en que seguía la liga de fútbol, estaba al tanto de alineaciones e, incluso, coleccionaba cromos de jugadores y los pegaba con entusiasmo en la página de su equipo en el álbum correspondiente. Recuerdo la ilusión con que escribí a media docena de clubs de primera división que me enviaron espléndidas fotos y  posters de sus equipos, junto con algunos regalos como banderines y libritos. Celebré mucho aquellos regalos, especialmente el envío del Valencia CF, que ocupaba un grueso sobre y que despertó la curiosidad y la envidia de todos mis compañeros. Aunque pertenecía al "equipo de los malos" (es literal, en el internado donde estudiaba se hizo una liga exclusiva para los "no tan buenos") y mi equipo la ganó, por cierto. Esta iniciativa, lejos de fomentar complejo alguno, era valorada por todos nosotros; incluso nos animaban los compañeros de "la liga de los mejores".

"Equipo de los malos". Arévalo 1973. 


Pasó el tiempo. Los partidos se fueron distanciando. En la escuela de Magisterio, en Burgos, echamos el penúltimo... Fue un encuentro memorable en el final de curso (jugamos contra un equipo de profesores y perdimos). Claro que hay que explicar que en el descanso enviamos a uno de los suplentes a comprar unas botellas de refresco y volvió con una botella de coñac que fue con la que nos "hidratamos". 

Parte del equipo, tras el partido, en estado eufórico. Puede observarse
el envase de la sustancia dopante que el equipo ingirió en el descanso. 
(Alumnos de magisterio. Burgos, 1978) 


Y el último partido resultó dramático de verdad: casados contra solteros en la urbanización para solventar "amigablemente" un pique surgido por el uso y abuso de las instalaciones del Club Social. Todos nos tomamos muy a pecho defender nuestra honrilla y el encuentro, celebrado en pista de cemento (¡a nuestros años!) acabó con tendinitis generalizadas, agujetas insoportables y rotura de tendones. Uno de nuestros vecinos estuvo de baja 6 meses por romperse su tendón de Aquiles (¡siempre recordaré el chasquido que escuchamos los allí presentes en ese momento!). Todo para acabar perdiendo... todo menos la honra, eso sí.


Durante algunos años, a rebufo de vecinos y conocidos, seguí la liga futbolera; pero el desengaño sobre ese espectáculo fue creciendo hasta llegar a parecerme un pasatiempo estúpido, incluso perjudicial. Defraudado por la actitud de los jugadores (sí, esos que besan la camiseta y prometen fidelidad eterna a su club), escandalizado por el dinero que mueve (sueldos, primas, fichajes escandalosos, mordidas, directivos enriquecidos...), aburrido tras partidos insulsos, abrumado por la cháchara incesante (cada cual es el mejor entrenador y todos saben mejor que nadie qué debería haber hecho tal o cual jugador...) dejé de asistir a este espectáculo de masas. Podéis acusarme de pedante, si queréis; pero sabedlo: "El fútbol TV (nunca he comprado una entrada a un estadio para verlo en directo) me aburre. 

Ahora, en las reuniones familiares, elijo la silla de espaldas al TV cuando hay partido y paso los minutos muertos consultando el móvil mientras mis contertulios rugen, se excitan y jalean las jugadas de sus equipos respectivos. Me siento fuera de la tribu, sí. 



Durante estos días, ante el Campeonato Mundial de Selecciones de Catar, voy a transigir y veré algún partido. De manera excepcional voy a sentarme hoy a las 5 de la tarde para ver el encuentro de nuestra selección contra Costa Rica.


Como podéis apreciar, intento "integrarme". Necesitaré conocer algo de este evento para poder intervenir en las conversaciones que, me temo, serán monotemáticas. Aunque, bien pensado, se producen situaciones interesantes en una movida semejante. Me descubro identificado con el público catarí que abandona masivamente el estadio, ya en el descanso, ante la derrota de su selección en el partido inaugural: no hay épica en perder así y no merece la pena ni entristecerse. Me sorprendo interesado cuando me entero de que Argentina, la nación más apasionada por el fútbol, pierde en su primer encuentro ¡Ante Arabia Saudí!): aquí sí que hay épica y sorpresa: Dios existe y en este caso, su mano, no está del lado de la albiceleste.

Así que este encuentro tribal, esta necesaria válvula de escape que permite desviar la atención de los problemas acuciantes en el mundo (guerras, contaminación, calentamiento, superpoblación, pobreza...) encuentra su función social. Somos seres sociales y nos gusta el circo. Un circo sin pan, por cierto. Sobre la arena de un país abrasado por el sol, productor de preciados combustibles que no necesita, en medio de la hierba artificial regada con el escaso agua disponible: Bienvenidos al gran espectáculo de nuestro tiempo: el divino arte de correr tras de una pelota.   





Comentarios

  1. Ni veo futbol nunca ni tampoco lo veré ahora, es algo que no soporto y cuando me entero de lo que ganan los jugadores es ya algo que me resulta intolerable.Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bienvenida al club de desapego futbolero... (Pese al 7-0 del España - Costa Rica)

      Eliminar
  2. "La hidratación" en los partidos universitarios daría para hablar largo y tendido.
    Yo también disputé esos estupendos encuentros entre las diferentes escuelas de Magisterio, aunque en mi caso jugábamos al baloncesto. Me quedo con el famoso triangular que enfrentaba a las E.U. de Profesorado de Guadalajara, Sigüenza y Alcalá en aquellos efervescentes años 80.
    Te hidratabas antes, durante y después de los partidos. Y ese tercer tiempo no tenía final.
    Saludos y gracias por la aportación.

    ResponderEliminar
  3. Nuestras ligas no llegaban a tanto. Era un partido de fin de curso, de celebración y entretenimiento. No era tanta la "hidratación". Pero es una anécdota para el recuerdo.
    Al hilo de las acontecimientos mediáticos de esta competición y recordando aquella época, si hubiera que llevar brazaletes como protesta en los partidos nos ocuparían ambos brazos... Uno color Arco Iris, otro con los colores de la bandera republicana, otro Pro Autonomía y "Liberación de Castilla León" (este morado, por el pendón comunero), un brazalete estudiantil por la libertad de expresión... brazaletes sindicales, a favor de presos políticos, exilados, pro libertad religiosa, pro legalización de partidos políticos... Llegaríamos a los hombros y habría que continuar por el pecho y bajar por el torso hasta que nos tocaran los c... (Perdón por la expresión). Entonces explotaríamos y llegaría inevitablemente la Revolución... Mejor hidratarse de vez en cuando para evitar semejante sofocón.

    ResponderEliminar
  4. Yo si que he visto fútbol por televisión y muchos años.
    Ya no.
    Me ha decepcionado ese mundo... es un engaño, no es deporte, es un negocio.
    Del mundial no he visto aún ni un partido.
    Quizás las semifinales y si no, la final, y puede que ni eso.
    Con la NBA me empieza a pasar lo mismo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Efectivamente; ver futbol por TV no es un deporte. Es, claramente un espectáculo. Y los "actores" (un elenco bastante numeroso) tienen un sueldo desorbitado para la función que representan.

      Eliminar
  5. La fortunas que se mueven con el fútbol son inmorales.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  6. Escandalosas! En algún caso se pueden definir directamente como obscenas; es decir ofenden al pudor.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

El blog se alimenta con tus comentarios.
Gracias por dejar tu huella ♥